Más allá de la visibilidad
- Monica Rozo

- 24 mar
- 5 min de lectura
Acompañar nos pide ir más allá de lo que ya existe

Este 31 de marzo, como todos los años, se conmemora el Día Internacional de la Visibilidad Trans.
Es una fecha que invita a reconocer, nombrar y visibilizar las experiencias y luchas de las personas trans por la igualdad de derechos y oportunidades. Este año quiero proponer que también sea una oportunidad para preguntarnos qué significa esa visibilidad en los espacios cotidianos que habitamos, especialmente en los colegios.
Hace unos días leí un texto de Jaymie Métivier, una profesora trans que enseña matemáticas en una escuela secundaria en Canadá, publicado en la revista educativa Rethinking Schools. El artículo, titulado Trans teacher, detrans student, cuenta su encuentro con un estudiante a quien llama Nameless —porque nunca le compartió su nombre— y lo que ocurrió entre ellos en un salón de clase, durante una hora de almuerzo.
Nameless es un adolescente trans que detransicionó/retransicionó1. Es decir, volvió a asumir el género que le fue asignado al nacer, no porque quisiera, sino porque la presión de su familia y su entorno se volvió insostenible. Un día llegó al salón de la profesora Métivier, se sentó frente a su escritorio y lloró durante una hora.
Le contó sobre el rechazo de su familia, sobre la culpa que sentía por “ser una carga”, sobre la rabia que le daba ver que a un amigo gay su familia sí lo había apoyado, y sobre un amigo trans que recientemente había muerto por suicidio.
En medio de todo ese dolor, de esa conversación vulnerable y difícil, Nameless se detuvo para decirle a la profesora que iba a ser cuidadoso con lo que compartía… para no ponerla en una situación profesional complicada.
Es algo que siento ocurre con frecuencia en las poblaciones vulnerables —y que se hace especialmente visible en la infancia y la adolescencia—: cargar con el peso de cuidar a quienes deberían cuidarles y a quienes podrían ser sus aliados, para no perderlos a ellos también. Minimizar su propio dolor para que el otro no se incomode. Medir cada palabra para no poner en riesgo los vínculos que sienten seguros.
Es una inversión silenciosa del cuidado. Quien necesita sostén termina sosteniendo.
Esa cautela no aparece de la nada. La profesora también la siente.
“Nameless y yo estamos en un territorio incierto. No hay nada en el código profesional sobre mi identidad trans, y tampoco ninguna política escolar sobre la suya. Estamos, simplemente, inventando lo que podemos con lo poco que nos fue dado para poder sobrevivir. Como docente, me da miedo decir verdades que —como persona trans— sé que debo decir.”
Incluso una profesora con experiencia de vida trans, encuentra profundamente complejo acompañar a Nameless en el contexto escolar.
El sistema, aunque muchas veces habla de inclusión, seguridad y pertenencia, puede sentirse incierto o insuficiente cuando se trata de acompañar experiencias como esta. Y esa fragilidad impacta tanto a Nameless como a su profesora.
Entonces, desde ese lugar —y con el corazón roto—, le ofrece la única recomendación que siente posible:
“Le digo a Nameless que tiene razón. Ser trans es peligroso. No está siendo tratado con justicia ni en su casa […] ni en el colegio […]. Lo único que puede esperarse es que sienta rabia. No le ofrezco frases optimistas; conozco a demasiadas personas para quienes su hogar fue una tumba de la que apenas lograron escapar, sin mencionar lo que sé también ocurre en las escuelas. Le digo que yo también experimento episodios de violencia por parte de desconocidos. Que yo también me silencio cuando no estoy segura de si estoy a salvo. Le ofrezco una esperanza pragmática: encontrar una comunidad —amigos trans que lo amen incondicionalmente y personas trans mayores que puedan compartir con él un conocimiento que pocas personas logran vivir el tiempo suficiente para transmitir— […]. Allí encontrará una forma de volver a transicionar, de sobrevivir y de atravesar las luchas que compartimos, así como las que no. Le digo que busque esa comunidad fuera del colegio, porque el colegio no está listo para estudiantes como él —estudiantes para quienes la transición no es un acto de resistencia y autodeterminación sin fricción, sino un camino potencialmente costoso y lleno de riesgos.”
Le dice que busque una comunidad afuera.
Porque sabe que dentro del sistema no puede garantizarle seguridad. Porque sabe que acudir a consejería podría implicar contactar a su familia y aumentar el riesgo en su hogar. Porque sabe que su propio acompañamiento, como profesora trans, puede ser interpretado como algo indebido. Y porque, aunque tenga las herramientas para acompañar, está atrapada en el mismo sistema que Nameless: un sistema en el que acompañar a una infancia o adolescencia trans puede sentirse riesgoso.
No es una sensación exclusiva de ella. Muchas personas adultas en los colegios han estado, en algún momento, en ese mismo lugar: queriendo cuidar y acompañar, pero sin claridad sobre cómo y hasta dónde hacerlo.
La profesora Métiver reconoce que lo que queda después de esa conversación es doloroso: “un dolor compartido y una solidaridad que se teje desde ese dolor.”
Y reflexiona:
“No podemos dar la bienvenida a jóvenes trans en nuestras aulas sin reconocer la naturaleza persistente y sistémica de la transfobia que entra con ellos. […] Estas realidades tienen un peso que no desaparece de manera espontánea cuando un estudiante cruza la puerta del salón. […] Debemos negarnos a apartar la mirada de la historia y atrevernos a cuestionar la supuesta inevitabilidad del mundo que hemos heredado […]”
Lo que ella está nombrando son estructuras que no fueron pensadas para sostener ciertas experiencias y que, aun así, siguen siendo el marco desde el cual intentamos acompañar.
Y entonces el acompañamiento queda reducido, muchas veces, a lo que es posible… no necesariamente a lo que sería necesario.
Nameless también lo dice con claridad:
“Eres la única persona adulta con la que he podido hablar de esto, y la única que realmente me ha dado opciones frente a mi situación en casa, la única que ha logrado decir algo que me hace sentido. Nunca antes había podido sentir rabia por esto, porque —como sabes— a muchas personas les resulta difícil escuchar que el problema puede estar en la forma en que está organizada la sociedad.”
Ahí es donde la pregunta deja de ser cómo acompañamos mejor y se amplía para reconocer y visibilizar las partes del sistema que seguimos sosteniendo, incluso cuando intentamos transformarlo.
“No existe un procedimiento paso a paso que indique cuál debe ser el rol de los docentes en esta transformación […], pero sí hay esperanza: si las escuelas, tal como las conocemos, fueron construidas, también pueden deshacerse y rehacerse.”
Si los colegios como los conocemos fueron hechos, entonces pueden ser repensados, transformados, rehechos.
Reconocer que las formas en las que nos hemos organizado pueden necesitar transformarse no es fácil. Puede incomodar. Puede doler. Implica revisar prácticas, creencias y certezas que por mucho tiempo hemos dado por sentadas.
Pero no es la primera vez que lo hacemos.
Como sociedad, hemos atravesado otros momentos en los que ha sido necesario cuestionar lo que parecía incuestionable. Y gracias a esos procesos, hoy vivimos en un país con más derechos, más reconocimiento y más posibilidades que hace apenas unas décadas.
Y quizás ahí es donde esta conversación se vuelve realmente relevante para este 31 de marzo.
No solo en términos de visibilidad, sino en términos de responsabilidad.
Porque visibilizar sin transformar puede quedarse corto.
Porque acompañar nos pide ir más allá de lo que ya existe.
Este texto recoge solo algunos fragmentos del artículo de Jaymie Métivier; vale la pena leerlo completo: https://rethinkingschools.org/articles/trans-teacher-detrans-student/.
Si los colegios como los conocemos fueron hechos,
¿qué tendría que cambiar para que puedan ser lugares realmente seguros, respetuosos, inclusivos y acogedores para todas las personas?
Te leo en los comentarios.
Sigamos aprendiendo en compañía.
1 Utilizo ambos términos de manera intencional. “Detransición” es el término más extendido, pero puede sugerir la idea de volver a un estado “correcto” o inicial. “Retransición” permite nombrar este proceso como una transición más, atravesada por condiciones externas, y no necesariamente como una corrección.




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