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Una metodología concreta para integrar la diversidad sin forzarla

Imagen creada con apoyo de IA
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Muchas personas que trabajan en colegios nos dicen: queremos construir espacios más inclusivos, pero no sabemos cómo aterrizar ese deseo en la práctica cotidiana. Generalmente encontramos disposición, interés y una convicción genuina de que el colegio sea un lugar seguro y respetuoso para todas las personas. Y entre esa intención y la práctica también suele aparecer una brecha muy concreta: ¿cómo hacerlo?


Hace poco encontré una organización británica llamada The Classroom y quiero compartirla por aquí, especialmente pensando en docentes, orientadores, coordinadores y líderes escolares que están buscando herramientas concretas y aplicables.


The Classroom propone una metodología pedagógica basada en dos métodos complementarios: usualizar y concretizar. Me pareció especialmente valiosa porque ofrece una ruta clara y práctica para integrar la diversidad sexual y de género dentro de la vida escolar cotidiana.


Usualizar

Usualizar no es una palabra que exista en el diccionario. The Classroom la utiliza para describir el proceso de volver cotidiano, familiar y visible aquello que muchas veces ha sido tratado como excepcional, incómodo o ajeno.


¿Por qué no hablar de normalizar? The Classroom explica que “normalizar” puede sugerir que existe una manera correcta o deseable de ser, y que las demás deberían ajustarse a ella. Usualizar propone algo distinto: dejar de pensar en encajar en una norma y aprender a convivir con la diversidad como parte de la realidad cotidiana.


Cuando hablamos de diversidad sexual y de género, usualizar significa integrar referencias a personas LGBTIQ+ con naturalidad dentro de la experiencia educativa, sin convertir cada mención en un evento especial o en una discusión extraordinaria. En el fondo, busca que la diferencia deje de sentirse como amenaza. No porque desaparezca, sino porque se vuelve parte reconocible de la realidad cotidiana.


Puede verse, por ejemplo, en una clase donde se habla de los distintos tipos de familias que existen en Colombia y se incluyen también familias conformadas por dos mamás o dos papás, sin convertirlo en un debate especial.


O en una actividad sobre símbolos y banderas del mundo, donde junto a banderas nacionales, deportivas o institucionales se incluye también la bandera LGBTIQ+, como parte del universo visual que se está explorando.


También podría aparecer en problemas de matemáticas donde, en lugar de asumir siempre una estructura familiar única, se incluyen enunciados con dos mamás, dos papás u otros arreglos familiares diversos.


O en una clase de tecnología donde, al hablar del desarrollo de los microchips y la computación moderna, se incluye a Lynn Conway entre las figuras clave del campo, mencionando de forma natural que fue una ingeniera trans.


La clave no está en sobredimensionar la referencia, sino en dejar de excluirla.


Concretizar

Concretizar sí es una palabra que existe, pero en la propuesta de The Classroom adquiere un sentido pedagógico particular. Se refiere a volver real en la mente de quien aprende aquello que es usual o familiar, pero que todavía puede sentirse abstracto: explicarlo, examinarlo y hacerlo concreto para que pueda ubicarse en un contexto de la vida real.


En ese sentido, concretizar es una continuación natural de usualizar. Si usualizarfamiliariza a los estudiantes con la existencia de personas, experiencias o realidades que muchas veces han sido tratadas como ajenas, concretizar prepara el espacio para estudiarlas con mayor profundidad.


La idea es que, cuando algo ya ha empezado a formar parte reconocible de la realidad cotidiana, puede convertirse después en objeto de aprendizaje explícito con menos extrañeza, menos distracción y más posibilidades de comprensión.


Cuando hablamos de diversidad sexual y de género, concretizar puede significar dedicar una clase a analizar cómo opera la discriminación, estudiar avances en derechos, revisar experiencias históricas de personas LGBT+ o explorar cómo la orientación sexual o la identidad de género de una persona han dialogado con su obra, su contexto o su trayectoria.


Por ejemplo, en una clase de sociales se podría trabajar una conversación sobre derechos de las parejas del mismo sexo, no para debatir si esos derechos deberían existir, sino para comprender cómo se ha llegado a reconocerlos, qué resistencias han enfrentado y por qué su garantía importa en una sociedad democrática.


O en una clase de literatura, arte o música se podría analizar la obra de una persona LGBT+ considerando también cómo su experiencia de vida dialoga con su producción cultural, sin reducir toda su obra a ese aspecto de su identidad.


La clave está en que concretizar permite estudiar la diversidad como una realidad situada, con historia, contexto e impacto en la vida de las personas, sin convertirla en una opinión por resolver.


Si usualizar familiariza, concretizar profundiza.


Lo que me parece especialmente útil de esta metodología es que ofrece una alternativa para que los equipos escolares no sientan que todo debe resolverse en una sola clase, ni tampoco que cada referencia a la diversidad tiene que convertirse en una conversación completa. A veces se trata de ampliar lo que aparece en el aula. Otras veces, de preparar mejor los espacios donde sí vale la pena detenerse.


Antes de diseñar una actividad, un material o una clase, podemos preguntarnos:


¿Qué realidades puedo traer para usualizar dentro de la temática que estoy abordando? ¿Cómo puedo hacerlo sin que se conviertan en el centro de la lección?

¿Está mi grupo listo para concretizar alguna realidad que ya resulta lo suficientemente familiar como para profundizar en ella?


Si trabajan en educación, les recomiendo explorar la página de The Classroom. Hay materiales, ejemplos y recursos que pueden inspirar adaptaciones valiosas para nuestros contextos.



Si trabajan en educación, ¿en qué actividad podrían imaginar una primera oportunidad para usualizar la diversidad sexual y de género?


¿Qué otras realidades sienten que siguen apareciendo tan poco en la escuela que todavía se perciben como excepcionales cuando se nombran?


Les leo en los comentarios.


Sigamos aprendiendo en compañía.


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