Las cifras hablan. Las juventudes también.
- Monica Rozo

- 11 may
- 2 min de lectura
Lo que la Encuesta Nacional de Salud Mental de Jóvenes LGBTQ+ 2025 nos muestra sobre apoyo, aceptación y acompañamiento.

La semana pasada se publicaron los resultados de la Encuesta Nacional de Salud Mental de Jóvenes LGBTQ+ 2025 realizada por The Trevor Project. El estudio recoge las experiencias de más de 16.000 jóvenes LGBTQ+ entre los 13 y 24 años residentes en Estados Unidos. Aunque no es una encuesta realizada en Colombia ni en América Latina, muchas de las experiencias que describe también aparecen en situaciones que vemos con frecuencia en nuestros contextos.
Por séptimo año consecutivo, la encuesta deja claro que las juventudes LGBTQ+ no presentan mayores riesgos de suicidio por ser quienes son, sino por las experiencias de maltrato, exclusión y estigmatización que atraviesan.
Otra de las conclusiones que este informe vuelve a confirmar —como también lo han mostrado otros estudios— es que los entornos acogedores y afirmativos importan. Tienen efectos reales en la salud mental y en la forma en que las juventudes LGBTQ+ se sienten, se relacionan y proyectan su futuro.
En esta encuesta, las juventudes LGBTQ+ que viven en comunidades acogedoras y afirmativas reportaron intentos de suicidio con una frecuencia tres veces menor que quienes viven en comunidades que no lo son.
Y justamente porque se confirma una y otra vez que los entornos hacen una diferencia, cuando hablamos de salud mental de infancias y adolescencias LGBTQ+ no basta con mirar las cifras. Aunque son absolutamente necesarias para dimensionar el problema y hacer más difícil negar o minimizar estas realidades, también necesitamos preguntarnos por las acciones concretas que pueden transformar las experiencias cotidianas que están detrás de esas cifras.
Por eso, uno de los mayores valores de esta encuesta está en haberles preguntado a las juventudes LGBTQ+ qué experiencias de apoyo, aceptación y acompañamiento desean y reconocen como significativas.
Les comparto las respuestas de lo que quieren:

Todos estos pedidos tienen que ver con transmitir tranquilidad en lugar de sospecha, con mostrar interés, con priorizar la relación y con sostener una disposición de presencia y apertura.
Entre los testimonios incluidos en el informe quiero resaltar el siguiente:
“Solo soy una persona. Quiero vivir como el resto de la humanidad. Quiero algún día poder ser esposo y padre, pero esa esperanza se desvanece cuando ni siquiera se me permite ser hijo.”
— Participante de 16 años, Texas
Este joven habla de pertenecer. De sentirse reconocido dentro de la propia familia para así poder imaginar una vida posible.
Las formas de apoyo que las juventudes LGBTQ+ describen no son extraordinarias.
Tienen que ver con escuchar.Con creerles cuando hablan sobre quiénes son.Con intervenir frente a la discriminación.Con mostrar disposición a aprender.Con construir relaciones donde no tengan que vivir permanentemente a la defensiva.
Todo esto es posible a través de gestos cotidianos que cambian la experiencia de crecer, estudiar y relacionarse para las juventudes LGBTQ+.
Acompañar no puede quedarse en reconocer las cifras o alarmarnos frente a ellas. Necesitamos convertir esa indignación en prácticas cotidianas que transformen experiencias de vida. Solo así podremos empezar a transformar también las cifras.
¿Qué prácticas cotidianas podrían hacer que las juventudes LGBTQ+ se sientan más acompañadas en los espacios que habitan?
Les leo en los comentarios.
Sigamos aprendiendo en compañía.




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