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Cómo aprovechar el regreso a clases para fortalecer el entorno escolar

Las primeras semanas de clase ofrecen una oportunidad para fortalecer la convivencia y construir el entorno escolar que acompañará a estudiantes, familias y personal escolar durante el resto del semestre.


Imagen generada con apoyo de IA
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El regreso a clases suele sentirse como un nuevo comienzo. Después de las vacaciones vuelven los saludos en los pasillos, las reuniones de planeación, los horarios, las listas de asistencia y los salones llenos de estudiantes. Hay quienes llegan por primera vez al colegio, quienes cambian de curso o de profesor y quienes regresan a encontrarse con una comunidad que ya conocen desde hace tiempo.


Durante esos primeros días hay muchas prioridades conviviendo al mismo tiempo. Se preparan los salones, se afinan los horarios, se reciben estudiantes nuevos, se retoman proyectos y se acompaña la adaptación de la comunidad en general al nuevo semestre. Es un periodo de mucho trabajo, pero también de múltiples oportunidades.


Mientras el colegio vuelve a tomar ritmo, empiezan a consolidarse las dinámicas que acompañarán la vida escolar durante los siguientes meses. En esas primeras semanas se hacen visibles las expectativas sobre la convivencia, se modelan formas de resolver los conflictos y se envían, muchas veces sin darnos cuenta, mensajes sobre qué comportamientos son bienvenidos, cuáles no tienen cabida y cómo esperamos que las personas se relacionen entre sí.

Vale la pena entonces aprovechar ese momento para preguntarnos qué tipo de entorno escolar queremos favorecer para el resto del semestre.


Hablar de entorno escolar puede sonar abstracto. Sin embargo, en la práctica, ese entorno se hace visible en experiencias muy concretas y cotidianas. Se refleja en la manera en la que la rectoría da la bienvenida, en la forma en que las familias nuevas son recibidas el primer día, en cómo responde un docente frente a esas primeras burlas o conflictos, en los referentes que aparecen en las paredes de pasillos y salones o en la forma en que el personal administrativo atiende una inquietud.


Algunas de esas experiencias dependen de quienes lideran la institución educativa. Otras surgen de interacciones cotidianas entre estudiantes, maestros y otras personas adultas al interior del salón, en la biblioteca, en la cafetería o en los pasillos del colegio. Juntas van configurando la experiencia cotidiana de la comunidad educativa (estudiantes, familias y personal escolar).


Aunque muchas de estas prácticas cobran una importancia especial para el bienestar de estudiantes con orientaciones sexuales o identidades de género diversas, sus beneficios van mucho más allá. Cuando un colegio reconoce la diversidad de su comunidad, hace visible el respeto en la vida cotidiana, prepara a las personas adultas para acompañar conversaciones difíciles y cuenta con rutas claras para responder frente al acoso y la discriminación, está creando las condiciones para que más estudiantes y sus familias puedan sentirse seguros, valorados y parte de la comunidad educativa.


Con ese propósito, en este artículo queremos compartir algunas recomendaciones que pueden aprovecharse durante el inicio del semestre para favorecer un entorno seguro, respetuoso y acogedor para todas las personas. Algunas están dirigidas a quienes lideran las instituciones educativas; otras, a quienes acompañan diariamente a estudiantes desde el aula y otros espacios. Aunque responden a responsabilidades diferentes, todas contribuyen a aquello que décadas de investigación han mostrado: el entorno escolar no se define únicamente por los documentos institucionales o las actividades de convivencia, sino por las múltiples decisiones, interacciones y prácticas cotidianas que dan forma a la experiencia de quienes hacen parte de la comunidad educativa.


1. Hacer visibles los valores del proyecto educativo


Los equipos directivos influyen profundamente en la cultura de una institución educativa. Las prioridades que hacen visibles, los mensajes que comunican y los temas a los que dedican tiempo terminan señalando, de manera explícita e implícita, qué considera importante la institución educativa y qué espera de quienes hacen parte de su comunidad.


Por eso, cuando la rectoría, las coordinaciones o los equipos de convivencia hablan sobre valores como el respeto, hacen referencia a la diversidad presente en la comunidad educativa como una característica valiosa, o recuerdan el compromiso institucional con la prevención del acoso y la discriminación, están ayudando a construir una cultura escolar donde esos principios son entendidos como parte del proyecto educativo y no como iniciativas aisladas o intereses personales de algunas personas.


Ese liderazgo visible tiene efectos muy concretos. Da respaldo a docentes, orientadores y demás integrantes del personal escolar para abordar conversaciones que, en ocasiones, pueden resultar difíciles o generar incertidumbre. Saber que existe una posición institucional clara permite actuar con mayor confianza, intervenir de manera oportuna frente a situaciones de discriminación y acompañar a estudiantes y familias desde criterios compartidos por el colegio, y no únicamente desde la iniciativa o sensibilidad personal de cada quien.


También ofrece mayor claridad a las familias. Cuando el colegio comunica de manera consistente cómo entiende el respeto, la convivencia y la diversidad, las familias saben qué pueden esperar de la institución y cómo serán abordadas estas situaciones si llegan a presentarse.


El inicio del semestre ofrece varias oportunidades para hacer visible ese compromiso. Desde el liderazgo institucional, puede reflejarse en los mensajes de bienvenida dirigidos a estudiantes, familias y equipos. Desde el aula, puede traducirse en la construcción de acuerdos de convivencia con cada grupo, en conversaciones sobre el tipo de ambiente que desean construir juntos y en dejar claro, desde el primer día, que las burlas, el lenguaje despectivo y cualquier forma de discriminación no tienen cabida en la vida escolar.


2. Recordar que toda la comunidad educa


Cuando pensamos en la experiencia escolar solemos imaginar lo que ocurre dentro del salón de clase. Sin embargo, la vida de un estudiante en el colegio empieza mucho antes de que inicie la primera lección y continúa después de que termina la última. Comienza cuando es recibido en la entrada, cuando hace una pregunta en secretaría, cuando comparte con sus compañeros en la cafetería, cuando busca un libro en la biblioteca o cuando necesita la ayuda de alguna de las muchas personas adultas que hacen posible el funcionamiento cotidiano de la institución.


Cada una de esas interacciones transmite mensajes sobre cómo se espera que las personas se relacionen, qué tan seguras pueden sentirse para pedir ayuda y si realmente hacen parte de esa comunidad. Por eso, construir un entorno donde todas las personas se sientan respetadas, valoradas y acogidas no es una responsabilidad exclusiva de docentes, orientadores o equipos directivos. Es una tarea compartida por quienes trabajan en recepción, transporte, biblioteca, cafetería, vigilancia, mantenimiento, servicios generales y en tantas otras funciones que hacen parte de la vida escolar.


Esto no significa que todas las personas deban convertirse en especialistas en inclusión o diversidad sexual y de género. Significa, más bien, que todas deben ser conscientes de que, desde su rol, pueden contribuir a que los estudiantes y sus familias encuentren un trato respetuoso, sepan a quién acudir cuando necesitan apoyo y perciban que el colegio es un lugar al cual pertenecen y donde serán escuchados y tratados con dignidad.


Al comenzar un nuevo semestre, vale la pena preguntarse si todas las personas que hacen parte de la comunidad educativa conocen este papel que desempeñan en la construcción del entorno escolar. Una bienvenida amable, una respuesta respetuosa o saber orientar adecuadamente a una familia puede tener tanto impacto en la experiencia de pertenencia como muchas de las acciones que ocurren dentro del aula.


3. Preparar al personal escolar


Los prejuicios, el acoso y la discriminación rara vez aparecen de la nada. Con frecuencia encuentran terreno fértil en la desinformación, los estereotipos o la falta de herramientas para comprender experiencias distintas a las propias. Por eso, ofrecer oportunidades de formación al personal escolar no es un complemento opcional de la convivencia; es una de las formas más efectivas de prevenir situaciones que afectan el bienestar de los estudiantes.


Sin embargo, muchas de las personas que hoy trabajan en colegios nunca tuvieron la oportunidad de abordar estos temas durante su formación inicial. Cuando surgen preguntas de estudiantes, conversaciones con familias o situaciones relacionadas con la diversidad sexual y de género, es comprensible que aparezcan dudas sobre cómo responder, miedo a equivocarse o incertidumbre frente a cuál es la mejor manera de acompañar.


Ofrecer espacios de formación y actualización ayuda a reducir esa incertidumbre. No solo fortalece los conocimientos del equipo, sino que también brinda mayor confianza para responder a las preguntas que surgen en la vida cotidiana del colegio, favorece respuestas más consistentes entre las distintas personas adultas y facilita una intervención más temprana cuando aparecen situaciones de acoso o discriminación.


Esta formación no debería limitarse a docentes u orientadores. Si, como vimos en la sección anterior, toda la comunidad educativa contribuye a la experiencia escolar de estudiantes y familias, resulta valioso que todas las personas que hacen parte del colegio cuenten, al menos, con herramientas básicas para comprender la diversidad sexual y de género, ofrecer un trato respetuoso y saber cómo actuar o a quién acudir cuando una situación requiere apoyo.

La evidencia muestra que la formación continua del personal escolar es uno de los factores que contribuyen a construir entornos escolares más seguros e inclusivos y fortalece la capacidad de las instituciones para responder a situaciones de discriminación, acoso y vulneración de derechos (1).


4. Revisar los mensajes y silencios del colegio


Los colegios educan también a través de sus mensajes y de sus silencios. Más allá de las clases, la comunidad educativa recibe continuamente señales sobre quiénes parecen pertenecer a ese espacio, qué experiencias son reconocidas y valoradas, cuáles permanecen invisibles y qué se entiende por “normal” dentro de la vida escolar.


Esos mensajes aparecen en lugares muy diversos: en los formularios que diligencian las familias, en las imágenes de bienvenida, en las carteleras de los pasillos, en los libros disponibles en la biblioteca, en los ejemplos que utilizan los docentes durante una clase, en las historias que hacen parte del currículo y, también, en aquellas que nunca llegan a contarse (ver ¿Por qué importan y qué enseñan las historias que contamos?).


El comienzo del semestre ofrece una buena oportunidad para recorrer el colegio con una pregunta sencilla en mente: ¿qué mensajes recibe una persona que llega por primera vez a esta institución? ¿Qué le hace pensar que puede pertenecer —o no— a esta comunidad?


Desde el liderazgo institucional esto puede significar revisar si los formularios, las comunicaciones, los materiales de bienvenida y otros recursos del colegio transmiten el mensaje de que todas las personas serán recibidas con respeto y dignidad, independientemente de la composición de su familia, su orientación sexual o su identidad de género. No se trata únicamente de representar a quienes hoy hacen parte de la comunidad educativa, sino también de construir un entorno donde quienes lleguen en el futuro sepan que serán bienvenidos y donde el resto de la comunidad comprenda que esa bienvenida hace parte de los valores del colegio.


Desde el aula, puede traducirse en revisar los ejemplos que se utilizan, ampliar los referentes que conocen los estudiantes o incorporar, cuando sea pertinente para los objetivos de aprendizaje, historias y experiencias que reflejen la diversidad del mundo en el que vivimos. Los referentes que encuentran las infancias y adolescencias durante su paso por el colegio no solo amplían su conocimiento sobre el mundo, sino que también influyen en la manera en que imaginan quiénes pueden ocupar determinados lugares, qué experiencias consideran valiosas y quiénes parecen formar parte de las historias que merecen ser contadas.


Esperar a que llegue la primera familia homoparental, el primer estudiante trans o la primera situación de discriminación para revisar estos mensajes suele significar llegar tarde. Los entornos acogedores empiezan a construirse antes de que exista una necesidad evidente de hacerlo.


No se trata de convertir cada clase en una conversación sobre diversidad sexual y de género ni de incorporar contenidos de manera forzada (ver Una metodología concreta para integrar la diversidad sin forzarla). Se trata de revisar si los mensajes que transmite el colegio son coherentes con los valores que busca promover y de ofrecer a los estudiantes una visión del mundo que refleje mejor la diversidad de la sociedad en la que viven.


5. Asegurar que las rutas realmente funcionen


Construir entornos escolares seguros no depende únicamente de la buena voluntad de las instituciones. En Colombia, la Ley 1620 de 2013 creó el Sistema Nacional de Convivencia Escolar y estableció responsabilidades concretas para promover la convivencia, prevenir situaciones que afectan los derechos de las infancias y adolescencias y responder de manera oportuna cuando esas situaciones ocurren.


Sin embargo, la existencia de un protocolo no garantiza, por sí sola, que estudiantes y familias recibirán el acompañamiento que necesitan. Las rutas de atención cumplen su propósito cuando las personas conocen su papel, saben cómo activarlas y actúan de manera oportuna. Pero también se necesita generar confianza. No basta con que un estudiante sepa a qué persona o dependencia del colegio puede acudir; necesita confiar en que allí será escuchado, tratado con respeto y acompañado de manera adecuada si decide pedir ayuda.


Por eso, el inicio del semestre ofrece una buena oportunidad para preguntarse si esas rutas realmente están preparadas para funcionar cuando sean necesarias. ¿El Comité Escolar de Convivencia está activo y conoce sus responsabilidades? ¿El Manual de Convivencia incorpora de manera adecuada las obligaciones establecidas por la Ley 1620 y su decreto reglamentario? ¿Ha sido socializado con estudiantes, familias y personal escolar, y resulta fácil consultarlo cuando surge una duda o una situación que requiere orientación? ¿Docentes, directivos y demás integrantes del personal escolar saben cómo responder ante una situación de discriminación, acoso o vulneración de derechos? ¿Las y los estudiantes conocen a qué personas pueden acudir si necesitan ayuda y confían en que serán escuchados?


Estas preguntas son especialmente importantes cuando hablamos de diversidad sexual y de género. Muchas situaciones de exclusión o discriminación no se agravan porque el colegio carezca de una ruta de atención, sino porque las personas responsables dudan sobre cómo actuar, desconocen sus obligaciones o no identifican que se está produciendo una vulneración de derechos.


Revisar las rutas al inicio del semestre permite identificar vacíos antes de que ocurra una situación crítica. El objetivo no es tener protocolos para cumplir un requisito normativo, sino asegurar que, cuando un estudiante necesite apoyo, el colegio pueda responder de manera clara, oportuna y respetuosa.


6. Hacer de la escucha una práctica permanente


Con frecuencia los colegios dedican tiempo a evaluar el desempeño académico de sus estudiantes, pero mucho menos a comprender cómo están viviendo el colegio. Sin embargo, la sensación de seguridad, el sentido de pertenencia y la confianza para pedir ayuda también hacen parte de la experiencia educativa y tienen un impacto directo sobre el aprendizaje, la participación y el bienestar.


Por eso, escuchar a la comunidad educativa no debería ser una actividad ocasional ni una respuesta a situaciones de crisis, sino una práctica permanente que permita comprender cómo se está viviendo el clima escolar y orientar las decisiones institucionales a partir de esa información.


El inicio del semestre también ofrece una buena oportunidad para revisar cómo recogerá el colegio esa información a lo largo del año. ¿Existen instrumentos para evaluar periódicamente el clima escolar? ¿Se ha definido cuándo se realizarán las encuestas, los grupos focales u otros espacios de escucha? ¿Quién analizará los resultados y cómo se convertirán en acciones concretas? Incorporar estos procesos al calendario escolar desde el comienzo del semestre ayuda a que la evaluación del clima deje de depender de situaciones de crisis o de la iniciativa de algunas personas y se convierta en una práctica permanente de mejora.


Las encuestas de clima escolar, los grupos focales, las entrevistas y otros espacios de conversación pueden formar parte de ese proceso y ofrecer información muy valiosa, especialmente cuando permiten identificar si la experiencia escolar está siendo diferente para distintos grupos de estudiantes y comprender qué factores pueden estar contribuyendo a esas diferencias. Esa información ayuda a reconocer fortalezas, identificar oportunidades de mejora y orientar las decisiones institucionales con base en la experiencia de quienes hacen parte de la comunidad educativa.


Pero escuchar no consiste únicamente en recoger información. Implica involucrar activamente a los distintos actores de la comunidad educativa —equipos directivos, docentes, personal de apoyo, estudiantes y familias— en la construcción de las preguntas, en el análisis de los resultados y en la definición e implementación de las acciones que surjan de ese proceso. De esa manera, la evaluación del clima escolar deja de ser un requisito institucional y se convierte en una herramienta viva para construir, de manera compartida, una comunidad más segura, respetuosa e inclusiva.


Al mismo tiempo, la escucha también ocurre en la vida cotidiana. Durante las primeras semanas de clase, docentes y demás integrantes del personal escolar tienen una oportunidad privilegiada para observar las dinámicas del grupo: quién suele quedarse por fuera de las conversaciones, quién parece evitar determinados espacios, quién participa con tranquilidad y quién parece hacerlo con cautela. Muchas veces estas observaciones permiten intervenir tempranamente, antes de que una situación de exclusión o malestar se consolide.


Para terminar


El entorno escolar no se construye en un solo día ni depende de una única decisión. Se construye a través de cientos de interacciones, mensajes, conversaciones y respuestas que estudiantes, familias y el personal escolar viven cada día.


Por eso, aunque el inicio del semestre representa una oportunidad especialmente valiosa para revisar cómo queremos relacionarnos y qué tipo de comunidad queremos construir, este trabajo no termina cuando pasan las primeras semanas de clase. Construir un entorno seguro, respetuoso e inclusivo requiere atención permanente, disposición para aprender, apertura para escuchar y la voluntad de ajustar el rumbo cuando sea necesario.


En ese camino no existen colegios perfectos. Existen comunidades educativas que observan, aprenden, dialogan y mejoran continuamente. Cada conversación que previene una situación de discriminación, cada persona adulta que se siente mejor preparada para acompañar a un estudiante, cada mensaje que amplía el sentido de pertenencia y cada decisión que fortalece la convivencia contribuyen a construir un colegio donde más personas puedan aprender, desarrollarse y sentirse parte de la comunidad.


Después de todo, el entorno escolar no es únicamente el lugar donde ocurre el aprendizaje. Es una de las experiencias que más profundamente enseña a las infancias y adolescencias qué significa convivir en una sociedad diversa, reconocer la dignidad de todas las personas y valorar la riqueza de las distintas experiencias humanas.


(1) Russell et al. (2021), Promoting School Safety for LGBTQ and All Students. https://doi.org/10.1177/23727322211031938



¿Qué pequeña decisión cotidiana crees que puede marcar una gran diferencia en el entorno escolar?


Les leemos en los comentarios.


Sigamos aprendiendo en compañía.


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